martes, 17 de abril de 2012

Actividades de literatura: El árbol de la ciencia

La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp
(Anatomische les van Dr. Nicolaes Tulp)
Rembrandt1632
2 puntos del examen: comentario crítico de la novela (fecha límite para subirlo al blog: 5 de febrero).
Se ha de hacer un comentario crítico de El árbol de la ciencia , a partir de uno de los siguientes aspectos:
  1. Simbología del árbol..
  2. La ciencia.
  3. La filosofía.
  4. La religión.
  5. Protagonistas y antagonistas.
  6. Las mujeres.
  7. La familia.
  8. La sexualidad.
  9. La muerte.
  10. El ambiente.
  11. Otras propuestas.

ETIQUETAS: El árbol de la ciencia, Pío Baroja
Puedes seguir las recomendaciones sobre el texto argumentativo, que encontrarás en este mismo blog, en UN PINTOR...

    INFORMACIÓN SOBRE LA OBRA

    ¿ Qué representa el panel izquierdo del Jardín de las Delicias ?



    Etríptico abierto se incluyen tres escenas. La tabla izquierda está dedicada al Paraíso con la creación de Eva y la Fuente de la Vida, mientras la derecha muestra el Infierno.
    La tabla central da nombre al conjunto, al representarse en un jardín las delicias o placeres de la vida. 
    Entre Paraíso e Infierno, estas delicias no son sino alusiones al Pecado, que muestran a la humanidad entregada a los diversos placeres mundanos. 
    Son evidentes las representaciones de la Lujuria, de fuerte carga erótica, junto a otras de significado más enigmático. 
    A través de la fugaz belleza de las flores o de la dulzura de las frutas, se transmite un mensaje de fragilidad, del carácter efímero de la felicidad y del goce del placer. Así parecen corroborarlo ciertos grupos, como la pareja encerrada en un globo de cristal en el lado izquierdo, en probable alusión al refrán flamenco: “La felicidad es como el vidrio, se rompe pronto”.  

    El tríptico cerrado representa en grisalla el tercer día de la creación del Mundo, con Dios Padre como Creador, según sendas inscripciones en cada tabla: “Él mismo lo dijo y todo fue hecho” y “Él mismo lo ordenó y todo fue creado” Génesis (1:9-13). 
    Obra de carácter moralizante, es una de las creaciones más enigmáticas, complejas y bellas de El Bosco, realizada en la última etapa de su vida. Adquirida en la almoneda del prior don Fernando, hijo natural del gran duque de Alba, Felipe II la llevó a El Escorial en 1593. 
    Es depósito de Patrimonio Nacional en el Museo del Prado desde 1939. 

    La tabla izquierda representa el paraíso terrenal donde vemos a Dios, Eva y Adán.
    El propio Adán esta despierto y Dios le esta presentando a Eva. Ella está arrodillada en el suelo y Adán tumbado mira a la futura pecadora. Junto a  ellos aparece el  Árbol del Bien y del Mal con una serpiente enrollada alrededor de dicho árbol y la Fuente de la Vida.
    En esta escena parece que todo es equilibrio y armonía pero realmente en la parte inferior vemos el anuncio de todo lo contrario: varios signos de horror irrumpen la armonía como un león que derriba a un  ciervo y que se dispone a comerlo, un ser bípedo es perseguido por un jabalí y un pozo negro anuncia la llegada del pecado que corromperá el paraíso.
    En la Fuente de la Vida se asoma una lechuza: símbolo de malicia.
    La presencia de tanto animal viene dada en realidad debido a que El Bosco conocía perfectamente los Bestiario Medievales.


    Reflexiones a partir de El árbol de la ciencia

    En estos días me hallo enfrascado en la lectura de una de las obras imprescindibles de nuestras letras. Se trata de “El árbol de la ciencia”, del insigne Pío Baroja. Está cargada de reflexiones de gran hondura moral y filosófica, a través del camino de iniciación del joven estudiante de medicina Andrés Hurtado.
    En la novela se plantea una interesante dicotomía que me ha llevado a plantearme una serie de cuestiones de las que me gustaría haceros partícipes.
    Por un lado, se presenta la figura del Árbol de la Ciencia, que provoca dolor, sufrimiento e insatisfacción. Por el otro, el Árbol de la Vida, que trae la felicidad, el gozo de la ignorancia, de la superstición, de la fe, y que nos conduce a una sedante alienación.
    Es manifiesto que el camino de la duda, de la investigación, de las miradas inquisitoriales, de la reflexión … nos conduce a una irremediable angustia vital. Hacernos preguntas puede ser doloroso, y el mayor riesgo de buscar la realidad es encontrarla, abierta y desnuda. Y es aquí donde aparece el gran interrogante: ¿Está preparado el ser humano para abordar la búsqueda del conocimiento?
    Parece inevitable resignarse al hecho de que, en realidad, el hombre termina sucumbiendo ante la brutalidad de los instintos más atávicos, básicos y primitivos; nunca podrá desligarse de la denominada “lucha por la vida”, concepto utilizado por Darwin en “El origen de las especies”. En definitiva, el humano se ve abocado a dejarse arrastrar por su condición animal, en un juego vital en el que sobrevive el más adaptado, el más fuerte. En un mundo de encarnizado enfrentamiento por la supervivencia, parece no quedar lugar para el individuo moral, racional o sentimental. Creaciones humanas como el dinero o el amor, no serían más que artificios para encubrir impulsos animales como el instinto de posesión o el de reproducción, respectivamente.
    Es caso frecuente que, con el paso del tiempo o de los años, ante la certeza de un mundo corrupto y pervertido, un temperamento idealista y reaccionario se torne en abulia e inacción. Se abandona por completo la búsqueda del sentido de la vida y se recurre al abandono de la reflexión sobre cualquier tipo de dilema moral. Gana terreno el pesimista individuo schopenhaueriano.
    ¿Sería conveniente, de esta manera, adoptar una actitud resignada ante los conflictos derivados de la existencia? El estado ideal del alma sería entonces la ataraxia, cenit del pensamiento estoico. Deberíamos, por tanto, inclinarnos hacia el engaño, la mentira útil, la coraza que nos evita mirar directamente a los ojos a la realidad, dar por buena cualquier convención impuesta desde fuera y anular cualquier actitud crítica.
    Pero, ¡cuidado! Si bien es cierto que el Árbol de la Ciencia nos provoca un fatal desencanto, no menos peligroso es el Árbol de la Vida, que ni mucho menos nos introduce de lleno en una felicidad plena. Más bien al contrario: un individuo privado por completo del sentido del tacto no experimentará dolor alguno, del mismo modo que aquél que no disponga del uso de la razón no sentirá angustia por aquello que se escapa a su comprensión. Ahora bien, ¿es esto lo que en realidad perseguimos?
    En definitiva, estamos obligados a decantarnos entre la desesperación del saberse conocedor de los peligros de la existencia humana, de la realidad en toda su crudeza y la angustia del sordo que no oye lo que pasa a su alrededor. Porque, resulta claro que todos somos conscientes de la posibilidad de peregrinar en pos de la realidad de la que gozamos, y aunque sea doloroso utilizarla…. ¿acaso no lo es más no hacerlo?
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